Hoy se cumplen 36 años del inicio de la Revolución de Terciopelo, un hito que, junto a la represión nazi de 1939, consagra el 17 de noviembre como un símbolo de la valentía checa frente a la opresión.
Ambas fechas fundamentales están unidas por el espíritu inquebrantable del pueblo checo y su firme defensa de los valores esenciales de una sociedad libre y democrática.
El primer hito data de 1939. El régimen nazi reprimió brutalmente las protestas estudiantiles que surgieron tras el asesinato del estudiante de medicina Jan Opletal, herido durante una manifestación contra la ocupación.
En una acción punitiva, las fuerzas de ocupación clausuraron las universidades checas, ejecutaron a nueve líderes estudiantiles y arrestaron y enviaron a campos de concentración a miles de jóvenes inocentes. Este acto de barbarie motivó que, en conmemoración de la resistencia checa, el 17 de noviembre fuera declarado en Londres, por más de 29 paises, como el Día Internacional del Estudiante para conmemorar y honrar la resistencia de los estudiantes checoslovacos contra la ocupación nazi en 1939.
El objetivo de esta declaración era asegurarse de que el mundo no olvidara el sacrificio de los estudiantes checos y utilizar la fecha como un símbolo global de la lucha contra el fascismo y por la libertad, la paz y la democracia.
Pero para gran parte de la población checa, este fue solo el inicio de una época de persecución cada vez más severa.
Exactamente 50 años después de la violenta represión nazi, la historia se repitió, el 17 de noviembre de 1989, la policía antidisturbios de Checoslovaquia reprimió una manifestación estudiantil pacífica en Praga.
Lejos de sofocar el descontento, este acto desencadenó una oleada de protestas pacíficas que se extenderían hasta finales de diciembre, marcando el inicio de la protesta anticomunista conocida como la Revolución de Terciopelo.
El 20 de noviembre, el número de manifestantes en Praga escaló rápidamente, pasando de 200.000 a unos 500.000. Para el 24 de noviembre: Toda la cúpula del Partido Comunista, incluido el secretario general Miloš Jakeš, presentó su dimisión ante la presión popular. El 27 de noviembre, se celebró una huelga general de dos horas que contó con la participación de la ciudadanía de toda Checoslovaquia.
Ante el colapso de otros gobiernos del Pacto de Varsovia y el éxito de las protestas, el 28 de noviembre el Partido Comunista anunció que renunciaría al poder y pondría fin al estado unipartidista.
El parlamento federal eliminó formalmente el monopolio de poder del Partido Comunista. Se retiraron el alambre de púas y otros obstáculos de las fronteras con Alemania Occidental y Austria, y se restauró la democracia. El 10 de diciembre, el presidente Gustáv Husák nombró el primer gobierno mayoritariamente no comunista desde 1948 y dimitió.
Alexander Dubcek fue elegido el 28 de diciembre presidente del parlamento federal y el 29 de diciembre, Václav Havel se convirtió en presidente de Checoslovaquia.
El 17 de noviembre fue declarado oficialmente en Checoslovaquia como el Día de la Lucha por la Libertad y la Democracia (Den boje za svobodu a demokracii) en el año 1990 estableciendo esta fecha como fiesta nacional (feriado) en Checoslovaquia y se mantiene tras la disolución en la República Checa.
En 1990 fue la primera vez que se celebró oficialmente con el nuevo nombre, conmemorando tanto la represión nazi de 1939 (que ya era el Día Internacional del Estudiante) como el inicio de la Revolución de Terciopelo de 1989, uniendo así los dos hitos de la lucha por la libertad.
Hoy recordamos que gracias a estos acontecimientos, el pueblo checo puede vivir en libertad de nuevo, profesar libremente su fe, transmitir sus tradiciones, hablar abiertamente sobre su identidad y formar parte de una sociedad democrática. No se trata solo de un día de recuerdo, sino un firme compromiso para proteger y defender los valores por los que la gente pagó un precio tan alto tanto en la oscuridad de 1939 como en la lucha pacífica de 1989.
